Dos eliminados y un underdog
La realidad es bien diferente. Nalbandián ha llegado a Roland Garros apático, mustio y barrigón. Bien es cierto que la silueta del argentino jamás ha sido paradigma de la dieta mediterránea, pero su estado físico en Roland Garros ha sido demasiado deplorable como para pasarlo por alto.
Si al sobrepeso se le añade una mentalidad frágil, resulta lógico pensar que habiendo ganado los dos primeros sets, al argentino se le escarpe una cumbre a cinco mangas. Tras caer ante Chardy (3-6,4-6,6-2,6-1,6-2) con un último set calamitoso, Nalbandián alegó molestias en el aductor, que casualmente aparecen siempre que pierde. También Nadal, Almagro (puede que ahora mismo tenga la muñeca entre algodones) o Federer (mononucleosis) pasan o han pasado por apuros. Sin embargo, el dolor en el aductor no justifica su abandono físico.
Nalbandián tiene que definirse como tenista. ¿Es candidato a ganar un Grand Slam o se debe conformar con ser el héroe local en la temporada de tierra sudamericana? El 1 de enero, Nalbandián cumplió 26 años. A esa edad, un tenista ya no es ningún chaval.
Llegará un día en el que Nalbandián, retirado, eche la vista atrás, se mire al espejo y haga autocrítica. Pensará en lo que fue y en lo que pudo haber sido. Que le escueza, o que se la sople… eso será asunto suyo.
Blake y un underdog
James Blake también ha caído prematuramente en Roland Garros. Su verdugo ha sido Gulbis, un letón que me atrevo a decir que ha hecho el encuentro de su carrera. Si mantiene el nivel mostrado ante Blake será un underdog, el tapado.
Las derrotas de Nalbandián y Blake no son equiparables. La tierra no es especialidad del neoyorquino, que no obstante ha mostrado un gran interés por lograr la mayor cantidad de puntos posibles en su periplo por Europa. Son muchos los americanos que desdeñan la temporada de tierra. Blake no se lo puede permitir. Sabe que una colecta digna en tierra le puede reservar medio vuelo para Shangai. A partir de julio llegarán los Masters norteamericanos, y allí pensará en algo más que en que le cuadren las cuentas.















