El hormigón por la azada
El tajo en tierra es menos agradecido. La labra exige azada, piernas resistentes y un cierto espíritu proletario bajo un achicharrante sol de primavera. Concluida la jornada, vuelta a casa cubierto de polvo y sudor. A finales de junio, el jornalero de tierra, moreno curtido, se traslada a la campiña inglesa, allí donde la piel bronceada contrasta con el blanco de Wimbledon. Es más o menos en ese punto donde su tez comienza a palidecer ante cinéticas más eficientes, de pulso mecánico: saque y volea, saque y volea, saque y volea.
La recolecta de tierra pasa por Montecarlo, Roma, Hamburgo y concluye en París. Todo ello concentrado en seis semanas de trabajo, hecho que ha indignado a los especialistas de la superficie. El calendario ATP está acorralando la temporada de tierra. El año tenístico dura diez meses, durante los cuales se disputan cuatro Grand Slam, nueve Masters Series y una copa de maestros. Lejos de distribuir sabiamente los torneos, Montecarlo, Roma y Hamburgo se disputan en tan sólo cuatro semanas.
Físicamente es posible realizar el esfuerzo. De hecho, raro es el jugador que renuncie voluntariamente a dos torneos consecutivos. Lo indignante es la deferencia de ATP para con la pista de hormigón. Rafa Nadal está harto de enviar quejas al circuito ATP. Incluso Roger Federer, jugador multisuperficie, se ha sumado a las críticas del manacorí.
“Se están cargando Europa, que ha sido el soporte del tenis durante muchos años”, se lamentaba Nadal, que renunciará a jugar en Hamburgo, fuente segura de puntos. Son anomalías del calendario. Por ejemplo, la gira de Masters Series americana ha durado una semana más de lo habitual porque los organizadores temían que el tenis restase público a las finales de baloncesto universitario en EEUU.
La ATP sale al paso quejas con evasivas. “Ya veremos qué se puede hacer”, “estamos trabajando en ello”, y otras excusas de sesgo funcionarial. Mientras tanto, la página oficial de la ATP incluye en portada el video blog de Tommy Robredo, hablando del buen rollo de los españoles durante los torneos. Sonrisas y jolgorio. Por lo pronto, hoy dos currantes y reivindicadores, Nadal y Ferrer, se partirán el lomo en la final de Barcelona. Sin tiempo para cenar, partirán mañana hacia Roma. Una locura.















