Tres gallos y un forzudo
Novak Djokovic no ha cedido una manga en todo el torneo. El último en caer contra el serbio ha sido un timorato David Ferrer, cuyas permanentes reprimendas hacia sí mismo hacen pensar que saltó sobreexigido a la pista. “Patético, eres patético”, mascullaba flagelándose tras cada error. En realidad, poca culpa tiene.
Hay un abismo entre los escapados Federer, Nadal y Djokovic y sus perseguidores. Lo prueban las estadísticas y lo ratifica su regularidad. Sin profundizar demasiado, se puede decir que cada uno del trío de cabeza ha llegado a semifinales en tres de los cinco últimos Grand Slam (como mínimo). Un dato manifiesto. Abrumador.
Rafa llega a semifinales con un cuadro sencillo a sus espaldas. Troicki, Serra, Simon o Nieminen no son pruebas suficientes para calibrar su estado. Por el contrario, Tsonga sí lo es. Puede que me equivoque, pero este recio francés tiene el aspecto de convertirse en uno de esos jugadores que nadie sabe por qué, pero le toman la medida a Rafa y le hacen sufrir. Un caso similar a los de Youhzny, Berdych o Blake.
Por lo pronto, el grandullón Tsonga ha eliminado a Gasquet, Youhzny y Murray. El mismo que, de pequeño, entrenando con Gasquet, intentaba sacar tan fuerte como Roddick. El que idolatra a Muhammad Ali. Dará guerra.















