Un violento intercambio de golpes
Fernando González salió de casa a por café. Era sábado por la tarde, y el
chileno conducía por una carretera de Santiago, cuando, de pronto, vio un perro
atropellado en la carretera. No se lo pensó dos veces. El chileno aparcó el
coche en la cuneta y, heroico, fue al rescate del animal.
Sin embargo, el perro no tenía la misma perspectiva sobre el héroe. Cuando
Fernando González trató de recogerlo, le propinó una dentellada en el dedo
meñique de su mano derecha. Era, aparentemente un contratiempo insignificante, que
dejó de serlo al analizar tres datos objetivos: González es diestro, juega al
tenis y el Masters de Montecarlo estaba a dos semanas vista. Finalmente, se
recuperó.
Con mordedura o sin ella, Fernando González fue eliminado en segunda ronda
de Montecarlo. Semanas después se desquitó alcanzando la final en Roma, donde
cayó ante el mejor Nadal de la temporada. Rafa se vengó así de la dura derrota
que el chileno le propinó en los cuartos de final del Abierto de Australia,
donde González jugó un fantástico tenis. En pleno verano australiano, el
chileno se fue deshaciendo sucesivamente de Hewitt, Blake, Nadal y Haas. Tan
sólo Federer pudo derrotarlo. En la final.
Fernando González ha protagonizado una campaña notable. El chileno se ha
mantenido entre los ocho primeros durante gran parte de la temporada, y se ha
adjudicádo el torneo de Pekín. Cuando está entonado, sale a relucir una de las
derechas más avasalladoras del circuito. Un partido contra él se puede
convertir en un intercambio de golpes salvaje y violento. Por lo general, se siente cómodo en el fondo
de la pista, llevando la iniciativa y haciendo correr al rival. Su revés
cortado le lleva a cometer pocos errores no forzados, aunque así pierde su
dominio en el punto. Debido a ello, dispara la derecha ganadora en cuanto el
rival concede un mínimo resquicio.
Es un jugador cuyo tenis ha madurado con el paso de los años. Cuando debutó
en el circuito era un clásico tenista de tierra. Un sudamericano de golpes
liftados que de vez en cuando soltaba buenas sacudidas con el drive. Pero
evolucionó. Hubo una mutación en su juego que le convirtió en un jugador apto
para pista rápida. Mantiene la derecha poderosa, ha mejorado el saque, y hace
gala de un revés defensivo soberbio. Cada vez imprime menos efecto a la bola. Liftar
la pelota es complicar al rival. Reventarla es sacarlo de la pista.















