Villa, lesionado, no podrá jugar la final
El "hat-trick" del primer partido le puso en lo más alto de la tabla de los goleadores, un puesto que afianzó con el gol en el último minuto a Suecia. El caramelo "perjudicó" en cierto modo al delantero. Entró en un estado de ansiedad porque detrás de su camiseta había una pequeña batalla personal y de todo el grupo. El peso del "7". El fantasma de Raúl.
Su condición de nueva referencia en el ataque tensó sus músculos. Necesitaba aparecer en todos los escenarios con su versión más artística. Más efectiva. Más galáctica. Por eso quería hacer más de la cuenta. Y como esta selección es una aldea global, quien tiene confianza juega la pelota.
La responsabilidad del "7"
Esas ganas de sumar y sumar se convirtieron en una trampa mortal. A la media hora de juego, un central ruso tumbó a David Silva a quince metros de la frontal del área. Capdevila, Marcos Senna y Villa montaron la reunión de urgencia alrededor de la pelota. La charla fue breve. Y clara. "La tiró yo", dijo el "Guaje".
Y llegó el momento fatídico. Retrocedió tres pasos para tomar carrerilla y buscó el balón. En el momento del impacto sintió un pinchazo. Un escalofrío que barrió el músculo afectado a la velocidad del rayo. Había un problema. El rostro de Villa lo decía todo.
Intentó seguir. Se probó en dos carreritas, pero el músculo no respondía positivamente. La única solución pasaba por el cambio, en medio del desconsuelo del asturiano. Se tiró sobre el césped y casi tuvieron que sacarle a tirones del campo. La mala suerte se había cebado con el pichichi de esta Eurocopa. Un frío destino que encontró su bálsamo en el partidazo de sus compañeros, que le llevaron hasta la final.








