La Federación Extremeña de Fútbol necesita 'fichar' a 50 colegiados para hacer frente al aumento en la demanda de equipos federados
En términos cinegéticos se podría decir que se ha
levantado la veda para 'cazar' árbitros. La creciente demanda de
equipos federados implica mayor necesidad de colegiados. Los clubes
aumentan en número pero no en consonancia a los 'trencillas', por lo
que la Federación Extremeña de Fútbol se ve abocada a salir a la calle
y captarlos en edades tempranas para formarlos y que puedan dedicarse a
ello como cualquier otra profesión. No es fácil. Los niños hoy sólo
tienen en el horizonte ser Cristiano Ronaldo o Messi y son pocos los
que divisan un futuro con silbato y griterío en contra. Desde la FExF
se cifra en unos 50 los árbitros que la región necesita para hacer
frente a dicha demanda.
Detectado el problema, la solución pasa por campañas de
captación en colegios y clubes para incorporarlos a cursos en edades
tempranas: lo ideal sería entre ocho y diez años, pero no suelen llegar
hasta los doce o más. «Hacemos lo mismo que los equipos de fútbol.
Buscamos cuidar una cantera para que nunca nos quedemos sin ellos. Es
mejor que sobren y podamos exportarlos, a que falten y haya árbitros
que tengan que hacerse cuatro partidos en un mismo fin de semana»,
explica Jesús Sánchez Marín, vocal de captación de la FExF e informador
de Primera División para la Liga de Fútbol Profesional. Su próximo
'espionaje' es en el Getafe-Deportivo del sábado.
Sánchez Marín reconoce que el problema de la escasez se
ha agravado en los últimos tiempos porque la federación cada vez
absorbe más equipos. Algunas zonas, como Almendralejo, están en peor
situación que otras, aunque se trata de un problema general.
Navalmoral, Mérida y Cáceres también son delegaciones sensibles. Ayer
mismo, el árbitro de Segunda B José Manuel Pardo charló con los chicos
del Flecha Negra de Badajoz en los campos federativos de La Granadilla.
Desde noviembre se sucederán estas jornadas de captación, que se
repetirán en marzo. Mientras se forman, arbitran encuentros de
categorías inferiores para ir adquiriendo experiencia y escalar nivel.
«Queremos hacerles ver que el arbitraje puede ser una
buena profesión. Se puede vivir de ello y ganarse un dinerito. Buscamos
a los niños que notan que su carrera futbolística no es tan prometedora
como esperaban, que pasan demasiado tiempo en el banquillo y esto puede
ser una salida para ellos, pueden formar su propia personalidad»,
apunta Sánchez Marín.
Los padres, un enemigo
Pero ser árbitro no es una vida de vino y rosas. La
sociedad no lo contempla con buenos ojos, y ni siquiera el propio mundo
del fútbol les ampara. A juicio del federativo, el principal problema
que se encuentran son los padres, que «no les tienen ningún respeto.
Van al fútbol a ver al niño y se creen que el niño es Raúl y eso no
puede ser. Piensan que la labor arbitral va en contra de ellos y
generan un mal ambiente contra los colegiados e incluso hay algunos
casos de agresiones. No respetan ni al entrenador, al que dicen cómo
tienen que jugar sus niños y el equipo».
Pone como ejemplo el caso de una joven colegiada de
Carcaboso que dejó el arbitraje después de que en un partido fuera
zarandeada por el público. Tenía sólo 13 años cuando sucedió y son
casos, generalmente, en los que los padres protagonizan esos desmanes.
Los propios entrenadores se quejan de estos hechos, apunta el
informador de la LFP.
Añade que en los últimos años se han incorporado algunas
chicas que quieren ser árbitros, siguiendo los pasos de Paloma
Quintero, de categoría internacional. «Tenemos algunas niñas en
preparación, pero no son todas las que quisiéramos». El caso extremeño
no es una excepción, sino que el déficit arbitral está generalizado.