Mérida, su Estadio Romano y los más de 14.000
incondicionales que abarrotaron sus gradas pueden presumir de haber
asistido al partido que dio a España la clasificación para el Mundial
de Sudáfrica. Sin mucho juego, sin brillantez, pero fiel a su filosofía
de los últimos años. Tirando de jugones. El empate entre Bosnia y
Turquía llenó de sentido un partido que antes de que la pelota empezará
a rodar en el abarrotado Estadio Romano tenía más bien poca emoción.
Sólo el hecho de saber que la más que probable victoria de España
también suponía la clasificación automática para el Mundial de
Sudáfrica, inyectó a jugadores y público un extra de motivación que se
notó desde el primer momento.
Aunque lo decidió antes de conocer el resultado del
Bosnia-Turquía, el 'once' de Del Boque también ayudó al espectáculo. El
salmantino cumplió. Rotó, pero no se reservó nada. Aunque con cuatro
cromos nuevos con respecto al once que ganó a Bélgica en La Coruña el
pasado sábado, el equipo que arrancó ante Estonia era cualquier cosa
menos reservón. En defensa, entraron Albiol y Marchena por Arbeloa y
Puyol y en el centro del campo Xabi Alonso y Busquets dejan sitio al
deseoso de minutos Cesc Fábregas y al indispensable Senna.
Kilo a kilo, España es superior a Estonia. Nadie lo
discute. Pero costó rentabilizar esa diferencia. De hecho, las primeras
ocasiones con un mínimo de peligro salieron de las botas y la frente de
los estonios Kink y Zenjov. La primera ocasión de La Roja tardó en
llegar más de 22 minutos. Torres primero y en dos ocasiones casi
consecutivas y Villa después pisaron área con peligro avisando de lo
que vendría luego. El chaparrón.
El Niño cumplía 70 partidos con España, y después de
siete encuentros de esta fase de clasificación, todavía no había
conseguido marcar. Tendrá que esperar. Se le veía con ganas. Hasta
cuatro remates tiró contra el cuerpo de Pareiko o a las gradas del
Romano. Pero fue otro que también venía con ganas, Cesc, el que abrió
la lata.
Ya avisó de que quería minutos, que no se conformaba con
intenarlo en los últimos diez. Precisa y preciosa pared con Villa en el
área y remate cruzado que no pudo atajar Pareiko. Impecable tercer gol
de Fábregas con España, que además, valía una clasificación para un
Mundial y la más que segura renovación automática de Del Bosque por dos
años más, hasta la Eurocopa de Polonia y Ucrania del 2012. No todos los
goles son iguales.
Con el paso de los minutos, España se parecía cada vez
más a España y Estonia cada vez más a un equipo que se defiende para
salvar los trastos con un mínimo de dignidad. Lo que llaman un autobús.
Hasta el descanso, ocasiones, no todo lo claras que se podría esperar
pero incontables. No fraguaron y tuvo que esperarse hasta la segunda
parte para aumentar la ventaja.
Después del descanso, los estonios se cerraron un poco
más y se mostraron mas broncos. En los primeros cinco minutos
recibieron dos amarillas . Las ocasiones siguieron. Los cambios
llegaron. Güiza, Mata y Cazorla tomaron el relevo y siguió la tónica.
Unos atacaban y otros intentaban que lo hicieran lo más desordenado
posible. Lo consiguieron hasta el minuto 81. Buen pase de Cesc a
Cazorla, que se da la vuelta y se la lleva a trompicones ante Piiroja y
marca con un remate cruzado.
Clasificación certificada y delirio en las gradas.
Aunque tarde, España vio el carril. Con el tiempo cumplido, Mata cerró
el marcador. Pase cruzado de Cazorla que recoge el valencianista en la
derecha. Se acomoda para el tiro y bate a Pareiko. No hubo tiempo para
más en el campo. A media noche, la fiesta iba camino de la feria