Pastor, la obsesión por los detalles busca una medalla
Tuvo un año mágico, el 2005, en el que conquistó el mundial para la selección y la copa del Rey para su equipo. Fue llegar y triunfar. Era una gloria tan precoz que se convirtió en una especie de líder espiritual para los jugadores.
El técnico vallisoletano siempre busca "un bloque" por encima de cualquier individualidad. Precisamente, en eso reside el secreto de sus éxitos y el "punto de excelencia" que a veces alcanzan sus equipos.
Juan Carlos Pastor Gómez (Valladolid, 18-5-1968) debutó en la Liga Asobal en la temporada 1995-96, a los 27 años, con el Club Balonmano Valladolid, tras recoger el testigo de Manuel Cadenas.
Su trayectoria como jugador (guardameta) fue discreta. Con sólo 15 años comenzó a jugar al balonmano en el Colegio San Viator de Valladolid, pero como no destacó bajo los palos se convirtió en entrenador muy pronto y fue absorbiendo, como una esponja, las enseñanzas de técnicos más veteranos.
Ellos le enseñaron que cualquier aspecto puede ser importante, así que por naturaleza, por inercia, por carácter y por convencimiento profesional Pastor lo tiene todo previsto. Cuida cada detalle por irrelevante que sea.
Nunca ha estado anteriormente en unos Juegos Olímpicos, ni siquiera como espectador, y se le nota la ilusión del debutante, pero ahora hay que "competir", que es su palabra talismán.
Cuando dice "competir" parece que está diciendo "ganar", y si España consigue que ambos términos sean sinónimos en Pekín se colgará el oro. Puede hacerlo, pero llegar a lo más alto del podio depende de muchos detalles. Eso no es un problema, Pastor lo tiene todo previsto.
Antes de que empiece la competición, el seleccionador español es optimista. "Podemos competir contra cualquier rival, pero el día del primer cruce te lo juegas todo, esa es la clave", subraya a Efe
Sin embargo, dice que hay que "trabajar mucho" en defensa. "Si defendemos bien, tendremos contragolpe y eso, por nuestra forma de juego, es fundamental. Hemos tenido mucha carga de trabajo en ese apartado", precisa.
De cara al torneo olímpico, Pastor está satisfecho con el grupo de la primera fase, fundamentalmente porque "evitar a Francia y Croacia en los cuartos de final" es importante.
Competir es esa palabra que repite constantemente. Parece su obsesión. "Llegar a los Juegos Olímpicos de Pekín es un sueño cumplido para mí, pero una vez aquí hay que saber competir", insiste una y otra vez.
Se nota que Pastor tiene "clavado" el partido de cuartos de final del último Mundial de Alemania. Venía de ganar un campeonato del Mundo, la medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo de Almería, la medalla de plata en el Europeo y después de ese partido todo se ha ido diluyendo, al menos en las dos últimas grandes citas.
"En el balonmano, luchar por las medallas depende sólo de un gol. Hay mucha igualdad, por eso hay que buscar el mejor cruce de cuartos" precisa.
"Francia, Croacia, Alemania, Rusia, y también Dinamarca o Polonia, son nuestros principales rivales", asegura.
En el grupo de la selección, "los jefes" del vestuario son los guardametas David Barrufet y José Javier Hombrados, pero Pastor resalta el buen ambiente que se forjó ya en el mundial de Túnez, su primera experiencia como "pluriempleado".
Durante estos años, ese pluriempleo (Valladolid y equipo nacional) lo ha llevado como ha podido: "Hay muy pocos días libres y siempre estás con las maletas a cuestas. No me ha dado mucho tiempo para pararme a pensar, se vive muy rápido, tal vez demasiado", reflexiona.
Juan Carlos Pastor está en todo lo que un entrenador puede controlar. Sus ruedas de prensa a veces adquieren un carácter "docente", ya que explica con claridad cada una de sus decisiones técnicas, algo impropio de otros entrenadores y, sobre todo, de otros deportes.
Hoy la selección ha trabajado en el gimnasio, mañana se entrenará durante sólo cincuenta minutos, pero Pastor planifica, piensa y diseña estrategias las veinticuatro horas del día. Una medalla olímpica le haría descansar tranquilamente, o tal vez ni eso.















