El mejor románico y una naturaleza casi virgen conviven con la inmensa oferta deportiva que ofrece el tramo catalán de la cordillera. Los visitantes que se acercan a este rincón leridano, en pleno enclave pirenaico, lo hacen atraídos por la posibilidad de practicar deportes de aventura.
A escasos diez kilómetros del
Principado de Andorra, a setecientos metros sobre el nivel del mar, se erige
desde hace más de veinte siglos la localidad leridana de La Seu d’Urgell. Con una
población de 12.000 habitantes, yace dormida junto a los primeros brotes de los
Pirineos. Escoltada por los ríos Segre y Valira, de ella emana una belleza
paisajística que se atisba desde el desfiladero rocoso que precede a su
llegada. Su casco histórico encierra una gran riqueza cultural y patrimonial,
pero, desde 1992, La Seu
d’Urgell atrae al turista con su propuesta de deporte de aventura.
Allí, a pocos metros del centro
urbano, se encuentra el Parque Olímpico del Segre, que acogió diversas pruebas
de piragüismo en los Juegos de Barcelona’ 92. Trece años después de aquella
cita se mantiene a flote y sigue abriendo sus puertas a visitantes ávidos de un
turismo poco convencional. Pese a que las citas competitivas de nivel
internacional continúan en el calendario, ya no hace falta ser deportista de
élite para disfrutar de las emociones de las actividades acuáticas. El complejo
del Segre brinda un entorno ideal para su práctica.
La clausura de los Juegos
Olímpicos supuso un momento crítico para el complejo deportivo. Su abandono le
habría condenado a «una muerte lenta y agónica», pero el Ayuntamiento no lo
permitió y creó una empresa pública que gestionase la oferta turística en el
parque olímpico. La firma dedica el 70% de su actividad al ocio. El resto se
reserva a competiciones y entrenamientos profesionales.
El complejo ocupa siete hectáreas
jalonadas por paseos abiertos al público. Paralelo a las instalaciones
deportivas discurren medio kilómetro de aguas bravas y un amplio y tranquilo
canal de 800 metros.
Una central eléctrica que regula el caudal permite la práctica de los deportes
de aventura durante los doce meses del año. Nunca hay problemas de agua. Ni en
época de sequía, ya que una estación de bombeo garantiza que siempre se utilice
el mismo caudal.
Rafting e ‘hidrospeed’
Los visitantes que se acercan a
este rincón leridano, en pleno enclave pirenaico, lo hacen atraídos por la
posibilidad de practicar deportes de aventura. Desde el rafting, un deporte de
moda para los turistas en grupo, hasta el novedoso ‘hidrospeed’, que se
practica en solitario -descenso de aguas bravas, entre rocas, sobre un trineo
de corcho-, sin olvidar las distintas modalidades de piragüismo -en canoas o
kayak-. Un novedoso sistema de rampas mecánicas permite ascender al punto
inicial y realizar varios descensos seguidos sin necesidad de bajar de la
piragua.
Los menos aventureros pueden
disfrutar, en cambio, de sosegados paseos en barca. Todo el material necesario -trajes
y botines de neopreno, chalecos salvavidas y cascos- para la práctica segura de
estos deportes se puede alquilar en el mismo complejo.
Los amigos de la montaña también
tienen su hueco en el complejo deportivo del Segre, que cuenta con un centro
BTT y ofrece 15 rutas de bicicleta de montaña señalizadas con diferentes
niveles de dificultad. Dispone de 500 kilómetros de
pista que discurren por los valles frondosos de los Pirineos y cruzan el parque
natural del Cadí-Moixero, donde habitan más de 260 especies vertebradas e
innumerables plantaciones típicas del norte de Europa. El acceso a los
circuitos es libre y el turista puede alquilar la bicicleta en las propias
instalaciones por 16 euros.
Hípica y esquí
Para el viajero inquieto, la
aventura continúa, a poco más de 50 kilómetros, en Llavorsí y en el municipio
contiguo de Sort -pertenecientes a la comarca leridana de Pallars Sobirá-. Aquí
hay numerosas empresas que se dedican a explotar las actividades de aventura. Y
lo hacen en un marco incomparable, al amparo de rocosas montañas que custodian
los nucleos urbanos, un mosaico de calles y casas empedradas de negros tejados.
La calma es absoluta. Si acaso, la altera el temprano ‘runrún’ del agua que
desfila entre las rocas. En estas dos localidades la diversión acuática que
ofrece el caudaloso río Noguera Pallaresa sobrevive desde marzo a octubre.
Las rutas de senderismo, sin
embargo, están abiertas todo el año. Entre los 28 itinerarios que se ofertan,
las más concurridas son ‘Carros de Foc’ o ‘Portes del Cel’. A escasos metros
del núcleo urbano de Llavorsí se encuentran también las instalaciones de
hípica, donde es posible realizar excursiones en compañía de guías. A trote se
abren paso ante los ojos del visitante desconocidos parajes montañosos y densos
bosques atravesados por ríos. Los amantes del ‘puenting’ también pueden
practicarlo en la localidad y completan la oferta de deportes de aventura en
Pallars Sobirá las actividades en quads de montaña y las batallas de
‘paint-ball’.
Además, en invierno es posible
disfrutar de uno de los clásicos de la temporada: el esquí. La estación de
Espot, con capacidad para 9.000 personas y más de 30 pistas, está situada en el
corazón del Parque Nacional de Aigüestortes y abre sus puertas a principiantes
y veteranos del esquí de fondo o alpino. Se ofertan también excursiones en
motos de nieve, en trineos tirados por huskies o a pie con raquetas. El esquí es,
hasta bien entrada la primavera, el deporte rey. Con el deshielo regresa del
nuevo la ‘fiebre’ de las actividades acuáticas.