Ferrari catapulta a Alonso
En Hockenheim no fue tan descarado, pero es cierto que Massa no le disputó la posición y se encargó de que todo el mundo viera que le dejaba pasar sin impedimento alguno, casi a conciencia para que no se cuestionara su virilidad. El brasileño, que empezaba el fin de semana a 78 puntos de Lewis Hamilton, superado casi siempre por su compañero y resignado a vivir en un segundo plano en Ferrari esté quien esté, expresó así lo herido que tiene el orgullo. Prueba de ello fue la nula efusividad con la que saludó al ganador saliendo del coche (palmadita en el lomo), la cara de triste con la que subió al podio (obviamente, ni regó a Alonso con champán y tampoco a Vettel) y sus explicaciones ante los medios colaboraron para que se hiciera una bola de magnitudes importantes que derivó en los despachos de la FIA, animada a investigar un asunto que le costará a Ferrari 100.000 dólares de multa y la comparecencia ante el Consejo Mundial.
En la F-1, las carreras no terminan hasta que los comisarios firman el acta. Se lleva el rearbitraje a la máxima expresión. Más cerca de Hamilton Nunca una victoria resultó tan triste. Después de diez carreras de miserias y escasísimas alegrías, Ferrari resurge con un doblete calcado al de Bahreín, punto de partida de este campeonato que vuelve a ser una realidad para Alonso. Ayer, con el triunfo en Alemania, redujo trece puntos a Lewis Hamilton (fue cuarto) y ahora está a 34 de la cabeza, pero la efusividad era menor que de costumbre. Detrás de todo este brete se esconde una realidad indiscutible: el F-10 vuela y Alonso ha encontrado el camino.
Pero esta carrera traerá cola y se intuye un pequeño incendio en la oficina italiana, sofocado de forma poco convincente por Stefano Domenicali, tan forzada su sonrisa en la foto de familia como la de sus dos trabajadores más privilegiados. Al margen de Fernando Alonso, el hombre de la carrera es Rob Smedley, ingeniero de Massa y patoso a la hora de comunicarse con el brasileño. Inmediatamente después de un «sigue así, puedes ganar», deslizó el mensaje de la discordia. «Fernando va más rápido que tú. ¿Puedes confirmar que has recibido bien el mensaje?». Blanco y en botella, pero por si quedaba alguna duda añadió después del adelantamiento unas palabras de complicidad evidente. «Bien hecho. Lo siento. Ahora pégate a Fernando». El campamento base de Ferrari fue el centro neurálgico a lo largo de la variante tarde en Hockenheim sin que hubiera ni la mínima expresión de felicidad, contenida ya que el éxito se decidía en los despachos. Con los dos pilotos declarando ante los comisarios, y justificándose Domenicali como podía, se confirmó el tirón de orejas de la FIA con esa multa económica sin que se altere la clasificación. Ahora, el Consejo Mundial tiene la palabra.
















