Los más de 30.000 aficionados del Sevilla lanzaron las bufandas y sombreros al viento del Camp Nou para celebrar su quinta Copa del Rey.
Un título muy especial para los andaluces, ya que llevará
la dedicatoria a Antonio Puerta. Los hispalenses se impusieron en un
partido emocionante y bronco. Los de Nervión se aferraron al tempranero
gol de Capel, a un orden táctico magistral y a un Palop extraordinario
para superar a un voluntarioso Atlético, que al final también encajó
otro tanto de Navas. Los rojiblancos pusieron el fútbol y no merecieron
un castigo tan grande, pero se toparon con la disciplina castrense de
un rival con mucho oficio.
El inicio fue trepidante, como corresponde a una final
copera. El Atlético salió al ataque y pronto dio un aviso a Palop, Sin
embargo, el Sevilla fue más certero y Capel superó a De Gea a los cinco
minutos al recoger un balón suelto en la frontal que golpeó
maravillosamente. Pero el Atlético, quizás por la confianza que da
tener ya un título a las espaldas, no se puso nervioso ni perdió la
compostura. Se hizo dueño del balón y buscó la portería de Palop.
Buenas intenciones que no llevó a la práctica con
demasiada solvencia. El partido se jugaba en el campo hispalense, que
con una táctica defensiva de hierro levantó un muro infranqueable para
los madrileños.
Conservadores
Poco a poco, los de Álvarez se refugiaron tan atrás que
se olvidaron de atacar. Como único dueño del balón, apareció el
Atlético, que empezó a disfrutar de ocasiones. Forlán se sacó un
zambombazo que obligó a lucirse al guardameta sevillista. Después, un
error del cancerbero a la salida de un corner estuvo a punto de
significar el empate, pero Agüero no acertó con el cabezazo. Aunque
para pifias la de Perea. El colombiano fue el mejor atacante del
Sevilla . El central rojiblanco, todo un manojo de nervios, puso en
bandeja el gol a Squilaci al tropezarse cuando despejaba. Esta vez De
Gea solventó el enredo.
El peligro sevillista sólo tenía un nombre: Navas. El
extremo hispalense monopolizó el juego ofensivo de los suyos encarando
una y otra vez y trazando diagonales endiabladas. Kanouté era el
referente en los balones largos, pero apenas aportó nada más.
Negredo menos aún. El ariete estuvo perdido en el campo,
aunque la actitud conservadora de los suyos tampoco le ayudó para
entrar en contacto con el balón.
Pero los de Álvarez tenían la lección bien aprendida. A
las triangulaciones más que decentes de los rojiblancos respondían con
faltas. Con el paso de los minutos el choque se trabó y perdió ritmo.
El Atlético buscaba desesperadamente la magia del Kun, bien tapado por
Escudé y Squilaci, o de Reyes demasiado ansioso e individualista.
Cansancio rojiblanco
En la segunda mitad no cambió el guión hasta que empezó
a aparecer el cansancio. Entonces el choque se rompió. Paradójicamente
los síntoma de agotamiento no se produjeron en el Sevilla -equipo que
corría persiguiendo el balón- sino en los madrileños que acusaron ser
el equipo con más partidos de Europa.
Quique se dio cuenta y oxigenó el centro del campo con
Raúl García y Jurado. Sin embargo, el campo era cada vez más largo y
los hispalenses lo aprovecharon. Capel, inadvertido tras el gol, volvió
a subir la banda izquierda. Aunque la ocasión más clara la tuvo Negredo
con un mano a mano ante De Gea que el canterano rojiblanco resolvió de
manera sensacional para mantener con vida a los suyos y poner en un
aprieto a Del Bosque.
Los nervios estaban a flor de piel y se dejaron notar en
una jugada que acabó con tangana entre jugadores y ambos banquillos. El
pequeño altercado nada trastocó el juego. El Atlético lo siguió
intentando sin éxito y vio cómo Navas, en el tiempo de descuento,
sentenciaba el choque con el segundo gol. La fiesta se trasladó en una
semana de Neptuno a la Puerta de Jerez.