El guerrero de Jávea
El alicantino ha vencido en
Tokyo, Auckland y Bastad. La próxima
temporada se verá si David es capaz de mantenerse entre los ocho mejores del
mundo. Tendrá que demostrar que ha llegado para quedarse. Pero, de momento,
puede disfrutar de lo obtenido.
Ha habido cierta evolución en el
juego de Ferrer. El de Jávea ha mejorado en pista dura, donde este año se ha
adjudicado dos torneos (Auckland y Tokyo). En Tokyo se permitió el lujo de no
ceder un solo set en todo el torneo, y de apalizar a Gasquet en la final con un
contundente 6-1/6-2. También deslumbró en Bastad (Suecia, tierra batida), donde
se zafó con maestría de sus rivales en la pista y fuera de ellas. Y es que las
aficionadas suecas no le dejaron respirar en todo el campeonato.
Su tenis no entiende de puntos
asombrosos ni de grandes golpes. Tiene una notable derecha, revés a dos manos,
y golpes defensivos muy buenos. Su resto es de los mejores del circuito. El
saque no es su punto fuerte. Visiblemente más bajo que el resto de
participantes en Shangai, Ferrer ha de renunciar a la potencia de brazo para
efectuar servicios muy liftados, que le permitan dominar el punto de un modo
opuesto al de jugadores como, por ejemplo, Andy Roddick. En cuanto al físico, es
un atleta.
Son tan sólo 52 puntos los que separan a Richard Gasquet, octavo en la carrera de campeones, de Youzhny, décimonoveno. Con el circuito tan apretado, los pequeños detalles deciden una posición. El año pasado, Ferrer era uno más entre el octavo y el vigésimo. La solvencia en las finales (tres jugadas, tres ganadas) y una mente ganadora han sido claves para explicar su ascenso. Mucho ojo: su tesón y su infinita determinación pueden proporcionarle más de una alegría.



















