El revés como arma
El circuito profesional era un horizonte que habría de ser común, un nuevo
campo de batalla donde dirimir mayores empresas. Esta rivalidad escondía cierto
gusto a aquellos duelos que enfrentaban a dos escuelas, dos conceptos, dos
procedencias diferentes: Bjon Borg y John McEnroe. Veinticinco años después el
duelo se podía reeditar. Quién sabe si un estilizado francés y un racial
hispano…
Pero las carreras de uno y otro crecieron a diferentes velocidades. Nadal
irrumpió en el circuito y consiguió un escaño en el segundo escalón ATP.
Gasquet también llegó. Pero su asentamiento en el top 10 no fue ni tan rápido
ni tan arrollador como el de su homólogo español. Ha frecuentado el top 10 a lo
largo de su carrera, pero tan sólo ha conseguido alcanzar una semifinal de
Grand Slam (Wimbledon 2007), y dos finales de Masters Series (Hamburgo 2005 y
Canadá 2006). Es de esos jugadores buenos que aún no ha ganado nada. Ha de consolidarse. Gasquet necesita un golpe
de autoridad que le sitúe en la órbita de los mejores
Ciñéndonos a lo estrictamente técnico, Gasquet tiene, con permiso de
Federer, el mejor revés del circuito. Su reverso es elegante, plástico, genial.
Y potente. El impulso llega a la pelota a través de un largo recorrido de
brazo, un trayecto acompasado en el que intervienen codo, rodilla, hombro y
cadera. Es un jugador moderno, bueno al resto. De él se dice que se siente más
cómodo al revés que a la derecha. Y que atesora tanto talento como Federer.
Cuando Nadal venció a Baghdatis en París, Gasquet se aseguró la plaza para
Shangai. Se cerraba así un octeto de lujo, francés incluido. Sin embargo, parece
complicado que Gasquet gane el Masters de Shangai. Hay dudas sobre su
regularidad, sobre su consistencia. Pero al menos los franceses han encontrado
a un compatriota por quien encender el televisor y disfrutar del tenis en los
próximos días. En directo, en pantalla, el que no tiene nada que perder.

















