Novak Djokovic tiene la cualidad (cómica o irritante) de imitar a un buen número de tenistas del circuito. Los movimientos de Nadal, Federer o Sharapova ya han sido ridiculizados por este graciosete, que tan pronto arranca carcajadas al respetable de la pista central de Nueva York como aíra sobremanera a Nadal.
De todas las imitaciones que
realiza, es la de Roddick la más fiel a la realidad. Si no han tenido la
oportunidad de verla busquen por Internet: como los mejores actores,
Djokovic ha captado la esencia
del americano con un par de gestos. Ahí tienen a un jugador hiperactivo,
rápido, poco cerebral, obsesionado por calarse la gorra y reajustarse la
camiseta tras cada punto, que prefiere cerrar el punto en dos golpes antes de
que el peloteo se apodere del juego.
El tenis de Roddick es fast food,
ventilarse el partido rápido sin tiempo para digerir un error o cambiar la
estrategia sobre la marcha. Roddick rehúye el intercambio. Cuando el punto se
alarga más de cuatro o cinco golpes se siente incómodo en la pista. Tiene un
tenis directo, que radica en saltar a la pista y avasallar. En ese aspecto
recuerda a Andre Agassi.
Por ello, la sensación que
transmite Roddick es la de un tenista acelerado. Impaciente por terminar.
Resulta muy peculiar la manera en que administra las pausas tras cada punto. A
jugadores como a Nadal las pausas les hacen ganar medio punto. Descartan
pelotas, se secan el sudor, se colocan la cinta … y así frenan una buena racha
de golpes del rival. Roddick no administra bien los silencios, las pausas, ahí
donde los puntos más importantes comienzan a gestarse.
Con todo ello, sería muy injusto
no ensalzar las virtudes de Roddick. El americano tiene un servicio bestial,
capaz de alcanzar los 240
km/h, además de un juego de saque y volea, idóneo para
pista rápida. He de confesar que cuando Roddick alcanzó el número uno en 2003
creí que los americanos habían creado una máquina de ganar. Sin embargo, el
tiempo ha pasado y las grandes victorias han dado esquinazo a Roddick. La
figura de Federer ha proyectado una sombra tan alargada que ha eclipsado al
americano, incapaz de vencerle en las tres finales de Gran Slam que han
disputado.
2007 no ha sido del todo negativo
para el tenista de Austin. No ha disputado finales de Grand Slam, pero en un
año irregular ha conseguido imponerse en Queen´s y en Washington. Debido a unas
molestias, Roddick ha sido duda hasta última hora en Shangai, por lo que su
rendimiento en la Copa
de Maestros es una incógnita.
La aparición de nuevos talentos
como Murray, Djokovic o Gasquet deberían hacerle replantearse sus objetivos.
¿Debe aspirar a ganar finales de Grand Slam? ¿O
conformarse con estar cada año en la copa de maestros? Lo que parece
seguro es que Roddick, eclipsado o reivindicándose, morirá con ese estilo marca
de la casa: el del americano impaciente.