Ivanovic se adjudica su primer grande
Si se echa un vistazo atrás y se contempla el listado de otras finales anteriores, se llega a la conclusión de que desde hace siete años la final femenina de Roland Garros deja mucho que desear. En aquella ocasión se jugaron el título la estadounidense Jennifer Capriati y la belga Kim Clijsters. Desde entonces, el dominio correspondió a Justine Henin, que logró la victoria los tres últimos años de manera consecutiva.
En esta ocasión, retirada de la escena tenística, Henin vio la final desde el palco principal y posteriormente hizo entrega a Ivanovic de la Copa Suzanne Lenglen, que distingue a la vencedora.
Quien sufrió más por el desenlace fue Ion Tiriac, que tutela los intereses de Safina. El caso es que la final decepcionó. Sólo en situaciones puntuales alcanzó un buen tono, pero en líneas generales el partido fue más bien desangelado. Ambas jugadoras, hay que admitirlo, utilizan fundamentalmente los golpes largos, pero a las dos les falta una mayor inquietud para el cambio de juego en algunas fases del enucentro.
Safina cedió cuatro veces el servicio, mientras que Ivanovic sólo lo perdió en el octavo juego del primer período. Ivanovic cometió 22 errores frente a los 28 de Safina. En reveses ganadores, sin embargo, fue mejor la rusa (siete) que la serbia (tres).











