«Es algo muy grande. Después de una trayectoria tan
larga, llegar a este momento fantástico es glorioso, quedará para
siempre en el recuerdo». Carlos Checa tocó el cielo el domingo en Magny
Cours, cuando después de ganar la primera de las dos carreras de la cita
francesa del Mundial de Superbikes -también se impuso luego en la
segunda-, se supo campeón del mundo. Por fin. «Este éxito culmina una
trayectoria deportiva fantástica, y ha llegado en el momento en que
estoy mejor preparado como piloto, y gracias también a contar con un
gran equipo y una gran moto. Este año hemos tenido todos los factores, y
no me refiero solo a la suerte, de cara». Los números no ofrecen duda:
14 victorias en 24 carreras disputadas, faltando aún dos para que
finalice el campeonato, demuestran que el 'toro' merece el título porque
este año ha sido, de largo, el mejor.
El título de Superbikes es la recompensa a toda una vida
dedicada a las carreras de motos, y sobre todo a una pasión, pues hace
muchos años que Checa no corre por dinero: el aspecto económico lo tiene
solucionado desde sus tiempos de piloto oficial Yamaha. y cuando se le
cerraron las puertas de MotoGP, se fue a Superbikes porque le encanta
correr en moto, y quería seguir haciéndolo. Así de simple. Y, como los
años no le han hecho perder ni una pizca de competitividad, en la cuarta
temporada ha llegado el título.
«Con el tiempo he ido mejorando, le edad no es ningún
inconveniente: lo que te hace ser rápido es habilidad, técnica y una
buena gestión mental de todo esto, que es lo más difícil. o por lo menos
lo que más me ha costado a mí», cuenta el veterano piloto catalán. «En
otros años tuve también la oportunidad de luchar por un campeonato pero
no estaba suficientemente preparado y cometí errores de inexperiencia;
esto es lo que ha aprendido estos últimos años, y una de las claves de
éste título».
Predestinado a correr
El segundo apellido de Carlos Checa es. ¡Carrera! Y el
día en que nació, el 15 de octubre de 1972, su padre Alfredo tuvo un
accidente de moto cuando se dirigía a la clínica para estar al lado de
su mujer, Dolors, y conocer a su primer hijo. Algo preparaba el destino.
diez años después, papá Alfredo se presentó un día en la puerta del
colegio con una pequeña Mecatecno que despertaría definitivamente la
pasión del pequeño Carlos por las motos.
Pronto llegarían las primeras carreras, de motocross,
después los circuitos, los triunfos en el Campeonato de Catalunya y el
Criterium Solo Moto, y el debut en el Mundial, en 1993, como 'wild card'
en el Circuit de Catalunya, con una magnífica séptima posición en 125.
Dos años después, en 1995, ascendía a 500 al heredar la
Honda NSR del equipo Honda Pons, para el que corría en 250, tras la
grave lesión de Alberto Puig. Carlos destacó enseguida en la categoría
reina, logró dos victorias en Catalunya 1996 y Jarama 1998, pero un
terrible accidente en Donington Park, en que el estuvo a punto de perder
la vida, frenó su progresión. Al año siguiente firmaría con Yamaha como
piloto oficial, y aunque se mantuvo siempre entre los mejores de 500 y
MotoGP después, no llegó a cumplir las expectativas que sus fulgurantes
inicios habían creado.
«Yo era consciente desde hace tiempo que podía llegar el
día de dejar de competir sin haber sido campeón del mundo, pero tampoco
me preocupaba en exceso, porque he tenido una gran trayectoria
deportiva, que ha sido también una escuela de vida; he aprendido mucho
en todos los aspectos», reflexiona el nuevo campeón de Superbikes. Ésta
manera de afrontar las cosas en positivo es lo que le ha llevado a
seguir superándose, y ganar el Mundial por la puerta grande, venciendo
en las dos carreras del domingo, cuando le bastaba con sumar tan sólo
tres puntos: «para mí estar en el podio ya hubiera sido un gran
resultado, pero ganar las dos carreras, que no fue fácil, lo hizo aún
más especial».